23.6.09

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Hogueras

Noche mágica la de hoy. La más corta del año. El solsticio de verano, que antiguamente celebraban muy en serio nuestros antepasados. Hogueras encendidas en varios países: España, Portugal, Dinamarca, Finlandia, Brasil... Fuego purificador. El sol ha llegado a lo más alto, y a partir de hoy, su fuerza comenzará a descender poco a poco mientras espera el regreso del invierno. Es un buen momento para echar a las llamas aquello que sobra en nuestras vidas. Y si hay huevos u ovarios, para saltar sobre la hoguera. El calor y los grillos ya campan a sus anchas bajo las estrellas. Ha arribado el estío.

2.6.09

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Me llaman calle

No soy puta. Lo juro, mamá. Es lo de ganarse el pan en la calle, que evoca en mi mente títulos como el del post... Y eso que Manu Chao no es santo de mi devoción. Pero así son las cosas. La calle es dura. Uno se da cuenta enseguida. Reconozco que la gente me ha sorprendido para bien. Casi todo el mundo te responde, aunque sea con un "no", o con cualquier otra negativa. Pero al menos, te dedican un par de segundos de su existencia. O más, dependiendo del día. Por supuesto, siempre hay un grupúsculo de maleducados y de personajillos con caras largas, que se enfrentan a la vida poniendo morros y con el ceño fruncido. Ésos te ignoran como si fueras el hombre invisible. Allá ellos... Yo les dedico a todos mi mejor sonrisa y aquí paz, y después gloria. Pero lo cierto es que no hay manera de captar socios. Uno descubre cuando se dedica a esto que la mayoría de los transeúntes que pululan por las calles de Madrid:

a) están en el paro, van a estarlo o quisieran estarlo...
b) ya colaboran con otra organización sin ánimo de lucro; a veces, incluso con dos, tres o más...
c) llegan tarde al trabajo, a un examen o al velatorio de la tía Angustias, que Dios la tenga en su gloria...
d) están a punto de perder un tren/avión/autobús/metro/transatlántico...
e) no tienen dinero...
f) sufren los efectos de la crisis, porque está la cosa muy mal, oiga usted...
g) tienen un niño apadrinado en algún lugar remoto del planeta...
h) no hablan español...



Luego están los casos especiales, claro. Uno de cada trescientos especímenes. Los eslabones perdidos de la humanidad. Los que se paran a escucharte y, de repente, te ponen entre la espada y la pared. En definitiva, un cajón de sastre donde caben los raritos, los quejicas, los malhumorados, los violentos, los personajes entrañables, los fanáticos, los detractores de Unicef, los gilipollas, los imprevisibles... De momento, he vivido de cerca tres situaciones protagonizadas por estos sujetos:

1) Un maromo que me espetó el jueves pasado que no íbamos a conseguir nada ese día porque, atención, Unicef patrocina al Barça (cuyos chicos se habían proclamado campeones de la Champions League la noche anterior), y claro, ya se sabe, el fútbol mueve a las masas y donde esté sentir los colores de la camiseta que se quiten los niños necesitados y todo eso.
2) Una buena mujer, muy católica apostólica romana (viva el Papa manque pierda), que me contó que le habían dicho que comentaban las malas lenguas que Unicef estaba a favor del aborto, así que de colaborar con nosotros, niente, que yo tengo mis principios (lo cual es estupendo, por otra parte) y Dios es amor, la Biblia lo dice. Total, que a los niños, pues eso, que les den por Detroit.
3) El tercero de la lista es el más curioso de todos: un magrebí de mediana edad, con la dentadura amarillenta, al que no le interesaba un pimiento lo que yo le tenía que decir, sino el hecho de que alguien pudiera escucharlo un ratito. Así que me contó su vida: estaba en el paro porque su jefe acababa de diñarla, andaba mal de pasta y ahora iba a casarse para conseguir los papeles. Total, que tras concluir su historia, se quedó un rato mirándome como si esperara algo de mí (¿un abrazo? ¿un billete de cien?), yo le di las gracias para que tomara las de Villadiego, y él siguió su camino...

El idiota madridista era un caso perdido, desde luego; tonto de remate. El moro, un tipo majete, con una ristra de problemas gordos enrollada al cuello. En cuanto a la simpática (porque lo fue) señora cristiana, no seré yo quien la juzgue, pues lo lógico y saludable es ser coherente con lo que uno piensa.

He dejado lo mejor para el final. Lo más surrealista que he visto estos días (aunque no lo sufrí en persona): un muchacho de aspecto hippie, con sus greñas y su barba, fue abordado amablemente por una de mis compañeras, ¿tienes un minutito para que te hable sobre Unicef?, y el tipo replicó, muy orgulloso de su estupidez profunda, "¡muerte a los pobres!", así, en plan William Wallace, y se largó tan contento, sin darse la vuelta y decir: oye, que era una broma, ¿sabes? Es que soy medio gilipollas y a veces suelto chorradas sin pensar... Cosas veredes, amigo Sancho.

En fin, una experiencia interesante lo de "hacer la calle". Dura, complicada, y ahora en verano, agotadora. Tengo la cara como el culo de un mandril, y las piernas se resienten, pero oye, es lo que hay. Esto es como las lentejas, si quieres las comes y si no... Veremos en qué acaba la cosa.

23.5.09

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Los caminos inescrutables del Señor

La inteligencia del Universo es perfecta, dicen por ahí. Los acontecimientos no ocurren al azar, las casualidades no existen y la vida, en general, da muchas vueltas. Nunca sabes qué te espera a la vuelta de la esquina... Os pondré un ejemplo. No sé si recordáis un post que escribí hace ya tiempo en este caótico blog. Se titulaba "Una sonrisa, por favor" y trataba sobre esos currantes de las oenegés que captan socios en las calles, a los que mucha gente ignora por completo, con lo que poco que cuesta ofrecerles una mirada y una sonrisa mientras les dices: mira, no me puedo parar, llevo mucha prisa, lo siento, es que pierdo el tren, gracias, o sorri, ai don espik espanis. Al menos, es lo que yo intento hacer cuando me abordan (a veces no soy capaz de esquivarlos a tiempo); sinceramente, no me he parado jamás a hablar con ninguno de ellos... Pues bien, como decía, los caminos del Señor (o mejor Dios, Brahman, Tao, Logos...) son inescrutables. Y ahora, meses después de haber escrito aquello de la sonrisa, y sumido en estos tiempos oscuros de crisis, me he convertido en uno de esos captadores de socios que trabajan en la calle. Por eso, que nadie se extrañe si algún día me ve por Madrid con un peto de Unicef, carpeta en ristre, intentando que alguien colabore con el susodicho organismo de Naciones Unidas. C'est la vie.

30.3.09

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Cambios positivos

Decía el escritor Anatole France que “todos los cambios, aun los más ansiados, llevan consigo cierta melancolía”. A menudo, esta afirmación es cierta. Pero otras veces, no. Este miércoles cambiaré de trabajo por tercera vez en lo que va de año. Y lo cierto es que no voy a echar mucho de menos mi actual empleo: turno de tarde, varias horas en soledad (hace unos meses lo hubiera agradecido; me hago viejo), una jefa algo rarita, sueldo bajo, habitáculo sin ventanas y con moqueta -¡atrás, ácaros del demonio!-, monotonía en las tareas… No es un paraíso laboral, la verdad. Siempre he afirmado, además, que lo que hago lo podría realizar un mono amaestrado. Y no es por despreciar mis funciones ni las de mis compañeros. Es que, siendo realista, no necesito utilizar demasiado el cerebro para desempeñar el papel que me asignaron en la empresa. Las cosas como son, y al pan, pan, y al vino, vino. Obviamente, el puesto que abandono mañana tiene también sus ventajas. Está en una zona céntrica de Madrid, al lado de un parquecito muy agradable (la foto os dará una pista), me pilla no demasiado lejos de casa, está ubicado en el corazón de un centro comercial pequeño, pero siempre lleno de vida… Todo en este mundo tiene sus pros y sus contras. Pero de ahí a sentir melancolía… Pues no, qué queréis que os diga. A partir del miércoles trabajaré muy cerquita de mi pueblo, ganaré algo más de pasta (la crisis es la crisis), y, ahora viene lo mejor, tendré las tardes libres. Bueno, libres, libres, no, porque sigo con mis currillos como autónomo. Pero oye, que se le alegra a uno el corazón cuando a eso de las cuatro está cómodamente sentado en su sillón favorito, con las pantuflas puestas y una humeante infusión de hinojos (es la que más me gusta; no tomo café…) sobre la mesa. Así que, aunque el mal tiempo, el hecho de haber olvidado los auriculares en casa -lo siento, Gemma, hoy has perdido un oyente…- y los ecos de mis fobias quieren amargarme la tarde, me siento en la obligación moral de estar contento por lo de pasado mañana. Que con los tiempos que corren, encontrar un curro con tantas ventajas es un regalo divino.

Impresionante la Torre Picasso

27.3.09

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El tiempo cambiante y otros cuentos

Pues sí. Más de uno ya lo estará notando en los huesos y en las articulaciones. Este fin de semana habrá una importante bajada de las temperaturas en todo el país. Diez grados. Zas, de golpe y porrazo. Y chubascos en varias regiones. Los abrigos y los paraguas, tristemente marginados durante las últimas semanas, estarán deseando salir a dar una vuelta. Personalmente, prefiero el sol y el calor al frío y la lluvia. Mi signo zodiacal es de fuego, y me encantan los climas cálidos. Pero la naturaleza es así, con sus ciclos y estaciones, en absoluto caprichosa. Lo único que podemos hacer es adaptarnos a la situación reinante y arrebujarnos bien con las mantas. Eso sí, que no sufran demasiado los amantes de los rayos solares: la semana que viene, el astro rey volverá a brillar en lo alto del cielo. Vamos, eso espero; se casa mi primo… Y no sé yo si a los novios les habrá dado tiempo a llevar los trece huevos reglamentarios a las monjas clarisas. Es un viejo truco para que haga buen tiempo durante la boda. Tradición, que cantaban las gentes de Anatevka mientras el violinista tocaba unos acordes sobre el tejado. Gran película, pardiez. De ésas que se recuerdan toda la vida. Se merece un enésimo visionado… Lo cierto es que la mente de un cinéfilo está plagada de secuencias inolvidables, que acaban convirtiéndose en un recuerdo más de la memoria; unos agradables, otros terroríficos. Jamás podré quitarme de la cabeza la última escena de “La invasión de los ultracuerpos” (el primer remake del original, con Donald Sutherland), ni al viscoso Jabba el Hutt de “El retorno del jedi” jugueteando con la princesa Leia Organa, ni, por supuesto, a aquel extraterrestre de largos dedos diciendo “seeeé bueeeenoooo”. A los pocos años de nacer, mis padres me llevaron a ver mi primera peli. “Bambi”, creo. A pesar de mi corta edad, quedábame yo bien callado en cuanto apagaban las luces, y seguía la historia con los ojos como platos. Lo que disfruté con Indiana Jones durante su búsqueda del arca perdida, o con las bofetadas de Bud Spencer y Terence Hill. El cine es para mí un ritual. Y aunque no soy un gran conocedor de los clásicos, me considero un cinéfilo de tomo y lomo. Vale, no he visto “Lo que el viento se llevó”, ni “El apartamento”, ni “Ciudadano Kane”. Ni otras muchas. ¿Y qué? Ya he asumido que la vida es demasiado corta como para poder disfrutar de todas las grandes obras de la historia del cine. Pero que me quiten lo bailao.

26.3.09

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La actualidad nacional más caótica

Me entero hoy de que “Barrio Sésamo” regresa a la programación televisiva española. Ya era hora. Yo me crié con Epi y Blas, Espinete, Coco y compañía, y no he salido demasiado rana. Hacen falta espacios así en la tele. Eso sí, el monstruo de las galletas ya no come grasas hidrogenadas, sino vegetales crudos. Todo ha de ser políticamente correcto en las sociedades democráticas occidentales. Aunque por otro lado, somos el segundo país de Europa con más obesidad infantil. Da que pensar… Con la salud no se juega. Con la pasta de los demás, hay quien sí. Verbigracia, Pepe, el del Popular. Este estafador desapareció hace dieciocho años de la Península Ibérica tras haber mangado seis mil millones de pesetas. Pero, amigos míos, el karma no entiende de distancias: Pepe ha metido la gamba hasta el fondo y ha sido detenido en México lindo por la policía local. Otro chorizo trincado. De deglutir jalapeños y quesadillas a cuerpo de rey, a ver pasar la vida tras unas rejas. Por ladrón y sinvergüenza. Seguro que al contemplar las esposas se le pusieron los ojos como platos. Lo mismo les ocurrió a los chavales del colegio Purísima Concepción y Santa María Micaela de Logroño (pausa para respirar), cuando les obligaron a visionar en clase de Ética un espectacular vídeo sobre el aborto. Marchando una ración de imágenes terribles y macabras, y otra de pullas contra el gobierno de Zapatero. Esta última, de regalo. Tenemos polémica servida: derechas e izquierdas de nuevo a la gresca por un tema harto controvertido. Yo hoy no pienso mojarme, a chincharse todos. Quien sí está bien empapado es Pedro Almodóvar: le han llovido tantas malas críticas por “Los abrazos rotos”, que debe de tener el ego tumbado en el diván de algún psicoanalista. Los números en taquilla de la peli no son precisamente para tirar cohetes. Lo mismo el director manchego está perdiendo fuelle… Ay, el cine español no levanta cabeza. ¡Vuelve, Amenábar!

25.3.09

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La magia de la radio


Pues sí, he vuelto a escuchar la radio. Hacía siglos que no me entregaba a ella como ahora, a diario. Cuando era un adolescente orondo y soñador la encendía para hincharme de música. Y aprovechaba para hacer mis grabaciones (¿quién no?). Era impresionante: te tirabas toda la mañana del sábado con la cinta preparada en la pletina, y el dedo en el botón del REC para atrapar entera la cancioncita deseada. Una hora u hora y media con el índice agarrotado. Pero nos salían unos recopilatorios musicales de auténtico lujo. Más adelante, ya en mi etapa universitaria, la radio tenía un nombre propio: Gomaespuma. Anda que no me he echado yo risas con el dúo formado por Juan Luis y Guillermo… Sobre todo con este último. Porque cuando hablamos de parejas cómicas (aunque a Cano y Fesser los considero más bien periodistas con mucho sentido del humor) siempre mostramos más afinidad con uno de sus miembros. De Martes y Trece, me quedo con Millán Salcedo; de Cruz y Raya, con José Mota; de los Morancos... esteeee... En fin, dejémonos de digresiones y al turrón. Como decía, en aquella época escuchaba a Gomaespuma. Y al terminar la carrera, también. Durante los diez meses que estuve en uno de mis trabajos: turno de tarde, funciones monótonas y aburridas. Ellos me alegraban la jornada laboral. Pero el formato mp3 ya se estaba asentando en los hogares españoles, y Onda Cero acabó poniendo a Juan Luis y Guillermo de patitas en la calle; total, que no volví a encender la radio... Hasta ahora. Hállome de nuevo con un empleo tedioso en las alforjas, y para más inri, atravesando una fase fóbica bastante desagradable; pero la SER (con la cálida voz de Gemma Nierga) me ha hecho ver la luz. Lo que acompaña un programa radiofónico, carajo... Te enteras de las noticias del día, participas mentalmente en debates de toda índole y, en definitiva, te sientes rodeado de gente. No sé, estoy redescubriendo este medio de comunicación. Y eso que hasta hace bien poco me ganaba un dinerillo a base de redactar cuñas informativas para la susodicha cadena del grupo Prisa, bajo las órdenes del mismísimo Juanma Ortega. Pero ni por ésas encendía la radio... ¿Me dejarán escuchar La Ventana en mi próximo trabajo? Quién sabe...